UNA GRAN OPORTUNIDAD DE INVERSIÓN

Aceptaste a Cristo como tu salvador personal. Te bautizaste y confesaste públicamente su Señorío sobre tu vida y te hiciste parte de su cuerpo. Ahora ocupas un lugar de privilegio en su cuerpo y es tu responsabilidad, desde el lugar que él te designó, trabajar en favor de la salud de todo el cuerpo.